jueves, 17 de julio de 2008

Marcelina y los Honguitos


Se llama Marcelina Olivares.
Marcelina vive en el caserío de Shihua, localizado en el distrito de Bambamarca, provincia de Hualgayoc. Aquí me encuentro trabajando para la ong y la conocí en plena inauguración de las aulas, ya conocidas como "honguitos" por su forma arquitectónica, que Ayuda en Acción a través de su socio local en la zona, Proyecto de Desarrollo Integral Andino, PRODIA, está implementando en caseríos tan pobres y sin medios ni recursos como este. Marcelina llora en plena celebración; los chiquillos saltan y corretean en medio de los actos inaugurales, pero ella tan sólo puede acordarse de su hijo, antiguo presidente de la APAFA (asociación de padres de familia).

Su hijo fue tiroteado en plena escuela por el ex cuñado de su actual pareja.

Tras quedar viudo de su primera mujer, con la cual tuvo tres hijos, el hijo de Marcelina se volvió a casar y tuvo dos más. Los celos entre el hijo de Marcelina y el antiguo compañero de su actual mujer provocaban, por lo que me cuenta también el director de la escuelita, contínuas reyertas entre ambas familias, hasta que hace un par de meses la tragedia puso punto final a la historia.

Los cinco nietos de Marcelina vieron yacer a su padre muerto en medio del patio de la escuela. En la inauguración, tan sólo dos de ellos (los nacidos de "la mujer de la discordia") estaban presentes. Los otros tres se quedaron en casa, enfermos con fiebre y vómitos...enfermos de dolor porque su padre no llegó a ver terminadas las aulas en las que tanto trabajó, al igual que toda la comunidad de padres, para que todos sus hijos puedan asistir a clase de forma digna. Para que no acaben como él a tiros, para que el futuro que les espera no esté plagado de balas...


Marcelina llora y me dice "Señorita, el único que se preocupaba por mí, que me acompañaba y me mimaba...".

Llora además porque en la inauguración también están presentes los familiares del asesino de su hijo, y ellos si ríen.

Yo me despido y también lloro un poco, deseando que la rivalidad de los padres no siga también entre sus hijos, quienes todos los días en la escuela se tienen que ver las caras. Espero que los honguitos sean tan acogedores y motivadores como para que también enseñen a olvidar, para que de las clases no sólo salgan educados en lo académico, sino también en la práctica de la convivencia y el perdón. Para que cuando terminen sus estudios se puedan mirar a la cara sin odio, sin sed de venganza...

jueves, 3 de julio de 2008

Cajamarca y su historia




Aprovechando motivos laborales y la hospitalidad de los compañeros de trabajo, me fui a pasar el fin de semana a la capital del departamento. El viernes por la tarde zanjé los asuntos de trabajo y dediqué el sábado y el domingo a hacer turismo por la ciudad y sus alrededores.
Cajamarca es el nombre castellanizado de Caxamarca o Casamarca, pues su etimología andina no está del todo clara para los historiadores: unos dicen que significa región de heladas; otros sugieren que es región de espinas, por la abundancia de vegetación espinosa y de ortigas.
Por lo que voy comprobando ambas hipótesis son viables ya que su clima es seco y soleado por el día, pero las noches son frías y, al estar a bastante altitud, hiela con frecuencia.
Signifique lo que signifique, lo cierto es que ha sido una ciudad de vital importancia en la historia del Perú. Primero como sede de la cultura cajamarquina de donde le viene el nombre, la cual según me cuentan mis anfitriones, era caracterizada por su inteligencia (su nivel de organización política y social era de los más avanzados en una época en la que casi todo eran tribus nómadas, y su cerámica es una de las más finas y apreciadas de la América precolombina) y pacifismo, rasgos que atrajeron enseguida a los Incas y principal causa de su conquista y dominio bajo el reinado de Pachacútec y su etapa expansionista a partir de 1438, que supuso el verdadero comienzo del Imperio Inca, con una sólida idea de estado. De hecho, su líder Cuismanco no fue asesinado por los incas y fue designado gobernador del Cusco por sus excelentes dotes de gestión y organización.

Desde entonces, Cajamarca cobró importancia geoestratégica como enlace principal entre el Cusco y Quito. Casi cien años después, 200 españoles conquistaban la ciudad matando a 3 mil indios en su Plaza de Armas, donde Atahualpa Yupanqui, el último emperador inca, fue atrapado por Francisco Pizarro el 16 de noviembre de 1532 y ejecutado posteriormente el 26 de julio del año siguiente, suponiendo el fin del estado incaico. Cuenta la historia que Atahualpa se encontraba descansando con sus más de 80 mil guerreros en Pultumarca, una zona de Baños termales que hoy todavía existen y son conocidos como los Baños del Inca, tras haber salido victorioso de la guerra civil que lo enfrentó a su hermano Huáscar por la sucesión en el trono, cuando una delegación española enviada por Pizarro le fue a visitar para concertar una cita, en realidad una emboscada. Cuando los vieron aparecer, los españoles temblaron, conscientes de su inferioridad numérica; pero aprovecharon sus armas y sus caballos para someter a los guerreros. Cercano a la plaza de armas, aún se conserva el llamado Cuarto del Rescate, en el que los incas depositaron 5,729.69 kilos de oro fino de 22 quilates y 11,041 kilos de plata pura a cambio de la libertad por su rey. Pero los españoles no tenían más intenciones que acabar con el imperio y de paso arrasar con todas sus riquezas y el inca fue ejecutado un año después, acusado de idolatría, fratricidio, poligamia, usurpación del trono, incesto e incumplimiento del rescate[1]. A partir de entonces, la ciudad quedó bajo dominio español y pocos monumentos de las anteriores culturas quedan en pie, siendo su arquitectura típicamente colonial y sus iglesias tan católicas como hoy en día la mayoría de sus habitantes.


[Mi querida Iberoamérica: cuando te darás cuenta de que todos tus males provienen de esos a quien tanto has rendido y sigues rindiendo culto; cuando te desharás del yugo religioso y colonial, que te oprime y manipula; cuando dejarás de hablar de la “Madre Patria” (llámese España o Portugal) y afrontarás la cruda realidad para darte cuenta que fue ella junto a la omnipresente Iglesia Católica, quiénes te dominaron, saquearon y arrancaron de cuajo tus ancestrales raíces…Porque hoy sigue presente, en forma de empresas multinacionales (que ahora, como antes sus países de origen, sacian su sed de riqueza e industrialización con tu generoso maná de recursos naturales) la una, y de todo tipo de ramificaciones evangélicas, baptistas, pentecostales la otra, ese dominio y sometimiento. Hasta que no te des cuenta, hasta que no luches como lucharon tus antepasados con inteligencia y fuerza, hasta que no asumas tu propio destino, así seguirás, así seguiremos].


Por suerte, en sus alrededores si se pueden encontrar muchos vestigios tanto del reino cajamarquino como del posterior inca, y tuve el privilegio de visitar el Cumbe Mayo (en quechua, rio fino), un impresionante cerro donde los incas construyeron un acueducto, auténtica obra de ingeniería hidráulica, a base de aprovechar la propia roca volcánica, tallándola a lo largo de 9 kilómetros para canalizar el agua proveniente de la cima hacia la ciudad. Si la piedra se descontinuaba, ellos traían grandes bloques y lo adecuaban al terreno, construyendo recodos que suavizaban los cursos y redireccionaban el agua en función del caudal existente. Petroglifos cajamarquinos e incaicos abundan a lo largo del canal, con motivos que según el guía eran símbolos alrededor del cual danzaban y agradecían a Viracocha, su dios creador (para los incas el hombre surgió de las aguas del lago Titicaca) y a Inti, el dios Sol. El canal está inmerso en un extenso bosque de piedras de roca volcánica, hoy día denominado “Bosque de los Frailones”, ya que la erosión causada por el viento, el sol y el agua, les ha dado caprichosas formas conformando lo que parece una catedral a la que una virgen y un conjunto de monjes se acercan en peregrinación.


Algunas de ellas se cree también fueron talladas, pues sus formas parecen grandes hombres de quijada prominente (recuerdan a los Moáis de la Isla de Pascua) y otras se asemejan a enormes falos o vaginas, tal vez como tributo a la diosa de la fertilidad. Las fotos que cuelgo dan buena fe de ello. Historia o leyenda, lo cierto es que la zona alberga una energía latente que aún hoy, mientras paseaba y tomaba fotos, pude (o quise) sentir. Energía de un pasado que sigue recordándonos la grandeza de un imperio desarrollado como pocos, guerreros y violentos con sus congéneres, pero respetuosos con la Pacha mama como pocos.

[1] www.atlascajamarca.info

miércoles, 18 de junio de 2008

Y me voy...y llegué!

Y llegó la hora. Lo que llevaba deseando casi dos años por fin empieza a cristalizarse y el vértigo que siento en el estómago me lo confirma. Racionalmente parecía tenerlo asumido pero emocionalmente no ha sido hasta ayer noche, al despedirme de mis amigos y familiares, cuando mi corazón cayó en la cuenta de que nos vamos, él y yo, por un tiempo indeterminado de nuestro mundo conocido...
El avión se me hace eterno como nunca, no porque sean doce horas de vuelo que las líneas aéreas se encargan de hacértelas cada vez más insoportables (BOICOT A AIR COMET...son unos miserables e inhumanos, pero no voy a calentarme escribiendo más sobre esto), más bien porque no veo la hora de llegar no a Lima, parada técnica, sino a Bambamarca, mi perdido destino en un cerro de los Andes.

Pero merece la pena, desde luego que sí.

Desde el momento en que el avioncito que nos traslada de Lima a Cajamarca, capital del departamento del mismo nombre en la Sierra Norte del Perú, sube por encima de las nubes y unos Andes majestuosos me dan la bienvenida, merece la pena. El vértigo vuelve a mi estómago pero sigue de largo y sube hasta mis ojos, lágrimas de felicidad viendo la hermosa naturaleza que me acompaña durante la hora y media de vuelo. No puedo creer que esté sobrevolando la cadena montañosa más larga del mundo. Paso al lado de la cordillera de Huarás, con sus nevados de más de 6 mil metros de altura, y mi índice no para de apretar el disparador de mi recién estrenado tesoro: una Nikon D40 que será mi testigo de excepción. No veo mejor manera de inaugurarla y a cada minuto que pasa, cambia el encuadre, cada montaña es un mundo...y yo no paro de fotografiar....(más fotos de los Andes en mi espacio facebook.com)

En el aeropuerto casi de juguete me espera Julián, el chófer de PRODÍA, la ONG donde trabajaré el primer mes. Viene con su mujer ya que son 3 horas largas de camioneta hasta Bambamarca y, si bien son gente callada y tranquila, me preguntan sobre el viaje, sobre España. Pocas veces en mi vida me pasa que alguien poco conversador se haga el conversador conmigo y yo no corresponda con una buena parrafada...quien me conoce dará buena fe; pero supongo que el cambio de horario y los traqueteos de buena parte del camino, empiezan a hacer mella en mí y voy cayendo en un mutismo convertido en letargo que ni los ya acentuados hoyos consiguen despejar.

Llegamos a eso de las 8pm (3 am hora española), ya es de noche y no puedo apreciar muy bien el pueblo, y enseguida se presenta ante mí el señor Waldemar, administrador de la ong, para enseñarme mi cuarto: una habitación sencilla con baño, amplia, con mesa, tele y cómoda para mis cosas, que será mi refugio durante mi mes de estadía aquí. Me presenta a dos de las compañeras, técnicos de salud, que no dudan un instante en sacarme a pasear por la ciudad y acabamos bebiendo unas "chelas" (cervezas) con otros compañeros que nos hemos encontrado por el camino. No las tomamos en el bar, sino en una tiendecita multiusos (en República Dominicana se llaman colmados; en España ultramarinos, aunque no es exactamente lo mismo) donde todos me dan una cálida bienvenida que me hace olvidar el jetlag...

Por fin estoy aquí, brindan a mi salud para que tenga una feliz estancia y yo de la emoción casi rompo a llorar ahí en medio.

Ellos no tienen ni idea de lo que para mi significa, como tampoco muchos en España la tienen...porque sólo mi corazón y yo sabemos cuanto tiempo nos quedaremos por aquí. Porque no serán tres meses si todo va bien...porque no es una experiencia puntual, sino una opción de vida, mi desvío particular en el camino a ciegas que voy descubriendo mientras respiro y espero no tener nunca que dar marcha atrás.

Porque ahora sí, oficialmente, estoy atando cabos y rompiendo cuerdas.

lunes, 21 de abril de 2008

Argelia - Valle del M'zab

Llegamos al caer el sol a Ghardaia, donde nos esperaban Marta, Sarah y su padre, Nacceur, estos dos últimos, los auténticos anfitriones e ideólogos del viaje: argelinos deseosos de romper prejuicios y de mostrar la belleza de un país y la hospitalidad de sus gentes. Ghardaia, ciudad principal de los 5 pueblos que forman el Valle del M’zab, constituye la entrada al Sahara argelino, además de ser, como todo el valle, el último reducto de la comunidad Mozabita: una corriente del Islam bastante ortodoxa donde las mujeres van completamente vestidas de blanco y solo ensañan su cara las solteras, o un solo ojo aquellas casadas.
Tras descansar por la noche en un hotelito de bajo presupuesto pero limpio al menos (del de Argel no diría lo mismo…), aprovechamos la jornada siguiente para visitar El-Atteuf y Beni Isguen, otros dos de los pueblos mozabitas, siendo el primero de ellos el más antiguo y el segundo el principal centro religioso de los 5. En ambos, es obligatoria la compañía de un guía local para recorrer el pueblo, en cuyo interior está prohibido totalmente fumar o fotografiar a los lugareños (especialmente a las mujeres) o llevar ropas escotadas. El Islam en estado puro se mezcla perfectamente con la amabilidad de sus gentes para con los turistas, eliminando así el halo fanático e intolerante que muchas veces se generaliza a todos los musulmanes. A la entrada de cada uno de ellos, un cartel reza: “Siéntase como en su casa, mientras respete que es la nuestra”. Gente muy amable, encantados de que uno venga a conocer un poquito de su mundo, mientras aceptes las diferencias culturales aunque no las entiendas o compartas. El sencillo hecho de cubrirte el pelo con el velo e intentar enseñar lo menos posible de tu cuerpo junto a un “Salam Aleikum” a su debido tiempo, enseguida hace brotar una leve sonrisa (cerrada eso sí) y suaviza cualquier tipo de mirada incómoda. Teniendo esto en cuenta, los mozabitas (hombres me refiero, porque las mujeres no están en los cafés, pasan cual susurro sin levantar la mirada del suelo por las calles…) en especial Bakir, nuestro guía de Beni Isguen, fueron perfectos anfitriones a la vez que historiadores de su valle. Al caer la tarde, tras recorrer casas típicas, la mezquita de Sidi Ibrahim (que sirvió de inspiración a Le Corbusier), el cementerio, donde cada familia reconoce a sus muertos no por una lápida sino por un simple objeto personal del difunto, y el mercado local, Bakir nos llevó al oasis, el mejor de la zona, para tomar el té bajo el frescor de las palmeras en un lugar donde se reunían los hombres jóvenes del lugar.
Un lugar de ensueño para jóvenes que otra cosa más que soñar no pueden hacer. La mayoría tiene estudios: licenciados, ingenieros… y de todos ellos, sólo dos tenían la suerte de trabajar como taxistas. Todos amables, sonrientes, con una mirada que derrochaba curiosidad y ganas de saber cada vez que ven a un foráneo que les cuenta lo buena que puede llegar a ser la vida en otros sitios… intento romper mitos, intento decirles que occidente no es la panacea y que también hay mucha gente que lo pasa mal; que el manto de la desigualdad también afecta al interior del círculo, a los del centro también les llega la injusticia o simplemente les pasa factura el vivir en una “sociedad desarrollada”. En Occidente no hay tiempo para el té del atardecer en el oasis. En Occidente ni hay tiempo, ni hay oasis, ni siquiera nos quedan ya lindos atardeceres que divisar tras el smoke. Pero les entiendo. Entiendo su desesperanza cada vez que miro a mi alrededor; entiendo que sus padres y sus abuelos soñaran alguna vez en ese mismo oasis junto a un té que el sufrimiento provocado por las dos guerras que han golpeado al país en los últimos 50 años se vería compensado con EL CAMBIO. Primero un cambio que se llamó independencia, tan sangriento, tan doloroso pero que al final dejó una dulce y temporal sensación a los argelinos de ser a partir de entonces dueños de su propio futuro. Pero no. No ha sido así, y 30 años después las entrañas de Argelia volvieron a retorcerse cuando unos pocos encontraron en la laicidad de Argelia el origen de sus males: un puñado de locos tomaron las armas, el cuchillo y lo que hiciera falta para imponer nuevamente la ley coránica que les llevaría de nuevo al camino de la salvación, del que tanto los había alejado un gobierno militar de corte socialista en clara connivencia con la élite ostentosa y perdida.

sábado, 19 de abril de 2008

Argelia Intro

14 días. Suena a mucho para unas vacaciones pero sabe a bien poco cuando se trata de conocer, compartir y disfrutar de un país distinto, de sus gentes y costumbres.
Llegamos a Argel procedentes de Barcelona a las 11 de la noche. Mala hora para empezar el descubrimiento de un país árabe a fuerza de imposición y musulmán de todo corazón. Adentrarse en Argelia, país en alerta terrorista y no recomendable para turistas según nuestros cautos y protectores gobiernos occidentales, ha sido un reto maravilloso lleno de sensaciones.
El primer día, aprovechamos para conocer Tipaza, ciudad a 70 km de Argel en dirección Oeste por la costa, que cuenta con el 2º conjunto de ruinas romanas más importantes del país.
Tierra de nómadas beréberes desde sus orígenes, Argelia (como casi todo África del Norte, lo que hoy conocemos como el Magreb) ha sido un territorio cíclicamente dominado por grandes imperios. Fenicios, cartagineses, romanos, árabes, otomanos y, hasta hace bien poco, franceses, todos han dejado su huella a lo largo de los siglos. Y Tipaza es un buen ejemplo de la dominación romana, con sus ruinas de la antigua Pólis al completo mirando al Mediterráneo y su posterior “arabización” más al interior: antiguas iglesias convertidas en mezquitas, que se recuperaron y reformaron tras la independencia de Francia.
Me quedé con ganas de adentrarme por la Casbah argelina, verdadero corazón del Islam capitalino, pero tierra de nadie para turistas con muy poco francés y nada de árabe, sin un lugareño que facilite el recorrido…
El lunes a primera hora partimos hace Ghardaia, siguiente destino donde nos encontraríamos con el resto del grupo. No puedo evitar establecer similitudes con todo país del Sur expoliado e impedido por otros pocos del Norte de su desarrollo: la incertidumbre es la constante en una cultura donde ya su propia historia abraza la religión para esperar que las cosas pasen In-Shallah (si Dios-Alá quiere), y si pasan es Hamdurillah (gracias a Dios-Alá), pues mayores garantías resultan imposibles. Si la noche anterior nos personamos en la estación de autobuses para confirmar el horario de salida, una vez llegado el momento anularon nuestro bus y salimos en el siguiente, dos horas más tarde. Porque sí.
Primera tanda de bus de 9 horas, con paradas cada 200 km. El autobús no era el colmo de la comodidad, pero el paisaje que nos acompañó hasta la “Puerta del Desierto” que es Ghardaia lo compensó con creces: desde el Norte verde y mediterráneo, atravesamos las montañas del Parque Natural de Chrea para adentarnos en el árido intenso del desierto, salpicado el camino de pueblos silenciosos y algún lago salado; y los siempre presentes controles militares y policiales que siembran todas las carreteras, entradas y salidas como una parte más del paisaje. Si hay tanta seguridad desplegada es por dos motivos: primero, porque muchos jóvenes licenciados, ingenieros o doctores en paro ven en los cuerpos de seguridad del estado un salario estable que les permite sobrevivir; segundo, porque tras los atentados terroristas de los dos últimos años, el actual presidente Abdelaziz Bouteflika no duda en emplear mano dura con los integristas (sean locales, o regionales de Al Qaeda) para intentar asegurar el enorme beneficio económico que el turismo supone para el país. Argelia intenta atraer de nuevo a los turistas tras más de una década de violencia (no sólo la integrista islamista, sino también la militar del FLN) que no ha dejado a sus ciudadanos levantar cabeza.

sábado, 29 de abril de 2006

Sencillamente Shanghai

Salto el 28 porque fue un estricto día laboral, tan cansada acabé que pedí la cena a la habitación, además de acabar unos mails de trabajo, tan sólo me quedé tranquilamente escribiendo, estas y otras cosas que se me pasan por la cabecita.
Bueno, el 29 pudo haber sido mucho mas interesante de lo que realmente fue, dado que la mayor parte de mi día transcurrió entre el concierge del hotel (ya hasta hice amigos de tanto tiempo compartido y soportándome) y mi habitación intentando cambiar mi ticket de vuelta a casa. Tarea arduo complicada dado que a partir del lunes empieza una completa semana de vacaciones para TODA CHINA porque como ellos son más comunistas que nadie, jaja que me muero de la risa, no sólo celebran el Día de los Trabajadores, sino que se cogen toda la semanita para festejarlo; así que imagínense que hay probablemente un 40% de los 1500 millones de chinitos (venga esas mates, ustedes solos el resto) queriendo salir del país, y normalmente todos los vuelos hacia el resto del mundo salen desde Shanghai o Beijing.
Y esto, siendo pesimista porque hoy volvía a leer en un periódico una curiosa noticia (esta vez era el Herald Tribune, sólo accesible en un único lugar en la ciudad, ya les voy a contar cual) que China había firmado un acuerdo con Borneo, Indonesia, para proceder a la tala de la tercera parte, en principio, de la única selva virgen restante en el trópico asiático, ubicada al este de la citada isla. ¿Y a que no se imaginan cual será el fin de todas las especies de flora y fauna autóctonas una vez trituradas?. No se lo van a creer pero pasarán a formar parte del mobiliario doméstico, urbano y de oficina de toda China…
Y aquí enlazo con mi argumentación anterior sobre la pesimista estimación de peña saliendo del país, dado que el origen de tanta necesidad de expansión chinesca (el presidente Hu Jin Tao en los dias que yo estuve en Shanghai, estuvo en Nigeria, Kenya e Indonesia, cómo se les queda el cuerpo) es la pujante y cada día más amplia clase media de este país, cuyas necesidades para tener su casa y oficina a la última moda yankee han llegado hasta las etnias salvajes de Indonesia. Esta gente, que no conoce malicia alguna, al menos en este sentido (la cual ya China si mimetizó) son tan majos que han entendido perfectamente al presidente “HuWood” y le han dicho que por supuesto les hacen el favor de dejar que aniquilen sus árboles y con ellos todo su ecosistema; tan sólo les piden una cosa a cambio, que ya que tienen que construir carreteras para mover todo el resultado de su destrucción, que por favor las hagan buenas para que duren mucho y así ellos también puedan beneficiarse de ellas. Si esto es fair play, a mi que me vuelvan a llamar monja…
Bueno, todo esto para justificar mi día pegada a la computadora, dado que el chinito concierge por muy majo que fuera no pudo conseguirme nada interesante, buscando todas las posibles combinaciones de regreso antes de mi fecha prevista que era el miércoles. Si, hubiese estado bien quedarme a conocer, pero aparte de motivos laborales como gastos extra para mi empresa y pérdida de días de productividad en la oficina, argumentos con los que me quedaría en situaciones normales muy triste por no poder conocer más pero ya de por sí definitivos, esta vez yo también tengo un motivo.
Y el motivo se llama Feliciano, ya que encima de que le fastidié por completo las vacaciones con este viaje (Walter y Pato a ustedes también y ya lo siento, pero a qué estando juntos importa menos quedarse en casa…) me alegro de poder llegar y aprovechar los dos días festivos con él.
Lo malo es que el billete que conseguí acrobáticamente por medio de la red (ojito el planning: un billete Shaghai-Londres y otro Londres-Madrid con distintas compañías, intentar combinar horarios de salida y llegada de ambos no fue tarea fácil) fue demasiado bueno en el sentido de vuelta con mi churri ya mencionado, pero claro mi vuelo sale a las 11am del domingo y ya eran las 5 de la tarde del sábado cuando conseguí mis pasajes.
Así que salí pitando otra vez hacia mi querido consejero, para preguntarle por una selección de dos actividades al menos que no podía dejar de hacer o conocer en la ciudad. Y la verdad es que acertó: me recomendó un crucero por el río Huang Pu para tener una linda panorámica de la ciudad, y cenar disfrutando de las maravillosas vistas de la Jin Mao Tower. Le hice caso, pero antes intenté comprar alguno de los encargos recibidos antes de salir, ya que tenía la zona de compras por excelencia de la ciudad a dos pasos. Pero la zona por excelencia por la ciudad ya es muy capitalista, y me parece que no fue el mejor sitio para conseguir bolsos de imitación o camisas típicas con cuello Mao (otra vez pienso en el pobre Mao en su tumba, ya que los sitios y símbolos que le honora son los máximos ejemplos del capitalismo al que ha evolucionado su comunismo) dado que ya se tienen bien aprendida la lección de que los turistas van pensando que es barato y a mi, personalmente, lo que vi no me pareció en absoluto barato, a no ser claro está que hablemos de los puestos de la calle supertruchos, y estos no abundaban en mi zona. Además, en la zona para turistas, siguen siendo mayoría de consumidores chinos los que a ella acuden, tal vez gente venida de otras provincias y fascinada con tanta tienda.
A las ocho y media de la ya noche allá, salía en mi crucero a través del río que divide la ciudad; estupenda lugar desde donde poder apreciar el ingente Skyline de Shanghai, ya sé que me dirán pesada pero oootro aspecto en común con la ciudad consumista por excelencia que es Nueva York. La noche se cierne sobre el río y parece que la ciudad en su afán por brillar tanto, ha secuestrado, de forma muy comunista eso sí, todas las estrellas del cielo para ponerlas en la iluminación de todos sus edificios. Será otra gen asiático la poca visión nocturna? Porque realmente es increíble la parafernalia luminiscente que han montado, incluso todos los barquitos que cruzaban el río estaban a rebozar de lucecitas de todos los colores. Yo personalmente, prefiero mil veces ver las estrellas donde están: creo que observar las estrellas es, como el sonido del mar, de lo más relajante; también creo que, aunque me cueste un poco más encontrarlas, son para mí metáforas de lucha por conseguir lo que uno quiere, aunque cueste.
Tras el crucero salgo disparada hacia mi siguiente y último lugar de visita la torre del señor Mao. Bueno ahora entenderán aún mejor al pobre señor este, al final hasta le voy a coger pena.
En esta torre, se alberga el lujoso y por completo “occidental style” hotel Grand Hyatt (el mío era de cinco estrellas y se supone que también es un monumento arquitectónico interesante y se queda cortíiiiisimo frente a esta mole). Son 54 pisos ni más ni menos de edificio magníficamente construido, uno de los estilos más bonitos que he visto en la llamada arquitectura vanguardista la cual no suele ser santo de mi devoción, realmente una maravilla que me dejó totalmente boquiabierta. El ascensor tarda menos de 10 segundos (juro que los conté) en llevarme hasta arriba del todo, al hermoso Cofee Shop-Restaurante con el que cuenta el hotel, y donde POR FIN!!! puedo disfrutar de una comida occidental deliciosa mientras leo el “Herald Tribune” cual Lady inglesa, eso sí en RMB (la moneda china, yuanes) que es mucho más barato con el cambio que cualquier restaurante con aires de pretensión y gastronomía pasable de Madrid.
Y las vistas que se tiene de la ciudad son increíbles, lo único malo es que a tanta altura no hay ni una ventanita y ni hablar de una terraza porque creo que a más de uno le explotaría la cabeza.
Llego encantadísima de la vida a mi hotel, contenta de que ambas visitas hayan sido cortas pero intensas; me hubiese gustado conocer algo más, pero aún así pienso que la palabra que según mi impresión mejor se ajusta a esta ciudad no es belleza sino grandiosidad, puesto que pienso que cualquier montaña, cataratas y lagos que tanto abundan en este país deben ser muchísimo más bellos que esta ciudad.
Y les termino diciendo que a pesar de mis problemas estomacales por culpa de la comida china, a pesar de mi frustrante comunicación con su gente e incluso a pesar de haber venido por trabajo, ha sido un viaje estupendo. Por qué? porque conocer cosas tan sumamente distintas a las que son para una habituales siempre es estupendo!
Si vuelvo algún día (mejor si es de vacaciones) les martirizaré otra vez con mis historias.

jueves, 27 de abril de 2006

Shanghai contra mi estómago

Fuera política, hoy cuento algo tragicómico como la mayoría de las cosas que me suelen ocurrir: buscando cercanos horizontes culinarios, acudo al concierge del hotel para ver qué recomiendan los entendidos, y me cuenta que hay una calle llena de restaurantes típicos llamada Huang He. Le pido que me indique como acudir caminando, me mira y se parte el lomo de la risa… un tanto dubitativa me quedo, ya que no sabía si atribuir su reacción a la lejanía, a la poca costumbre de caminar por la ciudad que se tiene aquí, o a la idea de que una chica como yo ande sola por sitios como este (grande Loquillo y su magnífica canción). Total que espero a que de rienda suelta a su carcajada para que me cuente y nos riamos los dos, porque este si que habla inglés, y me dice que para qué quiero andar, si los taxis son muy baratos. “Cheap, very cheap madame”. O sea, que ninguna de las razones que yo pensaba eran, la mirada del chinito decía claramente: “hay que ser tacaña, viniendo con euros y querer ir a pata”. Y no me dio mayor opción de insistencia, me escribió en chino la dirección, llamó al botones, le dio la tarjeta y no me quedó otra que seguir al botones hasta la puerta, meterme en el taxi que llamó y llegar sin decir ni mú a mi lugar de destino. En fin…. Aquí aprovecho para plantear un latente mimetismo chino-yankee: la obesidad también se les viene encima, y con esas ganas de caminar, llegará cual rayo, y entonces habrá que verlos, chiquitos, rasgados y obesos. El que avisa no es traidor.
Llego a mi destino, una calle llena de restaurantes donde ningún lugar cuenta con los carteles en inglés, solo te ponen los platos típicos en Chino, el numerito de cuanto te va a costar la broma y a un chinit@ en la puerta que te empieza a farfullar entre miles de señas y sonrisas lo que se supone es propaganda pura y dura de su local frente al resto. Paso de todos, doy un rodeo para echar un vistazo por todos, esperando encontrar algún signo en cualquiera de ellos que me asegure que es mejor que todos los otros. Pero nada. Así que opto por lo que siempre dice mi padre que hay que hacer cuando no tienes ninguna referencia de los lugares de comida: ir a donde más gente haya comiendo. Locales vacíos, por norma general, malo malo. Si nadie va por algo será, como los chinitos residentes en las Salomón.
Elijo un restaurante con bastante audiencia, muy amplio y decorado al más puro estilo chino: miles de colorines, las chinitas caminando con pasitos cortos y rápidos; en fin, entro decidida a disfrutar de una maravillosa cena, cuando me doy cuenta de que tanto gran restaurante y otra vez nadie que hable algo de inglés. Como el menú que me traen es bastante ilustrativo, (demasiado tal vez, les aseguro que para nuestra mente occidental ver un plato de estómago de oca como la mayor exquisitez no es algo agradable a nuestra también occidental vista) pienso que no tendré mayores problemas, ilusa de mí. Le muestro dos platos y hago todos los gestos imaginables para rogarles que me recomienden uno de ellos, la camarera de turno (una simbiosis de Mao y Hitler esculpida, con el pelo bien cortito y cara de pocos amigos) me señala uno de ellos y pienso que es la hora de la verdad: sepa a lo que sepa será mi cena, así que me vuelvo católica y acudo a mi pseudo-fe rogando que sea rico. Intento averiguar si hay vino tinto y si los hay entre cuales puedo elegir, pero no hay manera, oyeron algo con “wine” y enseguida salió la chinita disparada y vuelve con una copa. Sin palabras.
A los cinco minutos (malo de nuevo, comida precalentada) me traen el plato que supuestamente había desechado, cuando caigo en la cuenta de que la comu-nazi me pidió los dos!. Gesticulo nuevamente para decir que el otro entonces ni hablar, y me quedó con lo que supuestamente eran filetitos de ternera a la pimienta negra. Pues bien, si eso era ternera a mí que me llamen monja, porque tenía más tendones que todo el cuerpo humano… Pero persisto en mi valentía: sabor raro, textura escabrosamente pegajosa que me da escalofríos; mi fe me castiga por poco creyente y anteponerle el pseudo.
Casi consigo llegar a la mitad del plato cuando empiezo a sentir palpitaciones en mi estómago, no sé si producidas por el suculento manjar o por el vinagre que me vendieron como vino.
Triste y desalentada gastronómicamente intento coger por mi cuenta un taxi en los alrededores, y al menos eso fue un logro porque pensé que ahí me quedaba más sola que la una en medio de la ya poco concurrida ciudad a la medianoche.
En mis sueños ocas enormes se quieren comer mi estómago, bifes voladores me aplastan contra el asfalto hasta que no sé como paso a otra fase más dulce, más cálida y caigo rendida…
A la mañana siguiente, siento que la tormenta pasó y que finalmente no me sentó tan mal la comida como temía en sus primeros síntomas, así que me levanto airosa pensando en el día un tanto complicado laboralmente que se aproximaba (complicado solo de pensar en intentar que me entiendan los chinitos del almacén al que me dirigía)
Desayuno no más que un yogurt y zumito de naranja artificial, por si las moscas, y salgo pitando primero a la oficina del agente transitario que nos hace de nexo aquí en las chinas lejanas; el taxista que me conduce hasta mi destino, creía ser la reencarnación de Fitipaldi (sigo siendo fiel a las leyendas, nada de Schumacher o Alonso, vivan las viejas glorias!) y mi estómago lo nota. Primer aviso. Mal asunto, vuelven a mi garganta los sabores de mi última noche, y no me refiero a la parte dulce y cálida. Aguanta, respira, relax, todo va bien y no vas a vomitar.
Bueno, pues vomité.
Y como antes muerto que sencillo, mi estómago eligió un lugar donde poder lucirse: nueve menos diez de la matina, las oficinas del agente se encuentran en un lujoso centro comercial en pleno centro que alberga además de tiendas, ni más ni menos que 27 pisos de oficinas de alto nivel. Quiero aguantar, tengo que aguantar, así que disparada le grito al chinito de la entrada en la planta baja “Toillet!”, no entiende ni papa. Mientras recurría a las típicas señas, como hacer que me lavaba las manos o hacer la tipica inclinación hacia detrás en señal de posicionamiento en el Toillet de las narices, mi estómago aprovechó mi falta de control sobre él para salirse con la suya. Y ya cuando levanto la cabeza queriendo morirme, él, muy simpático me dice: “ ahh toillet!”, no más necesitó que le vomitara en un cenicero del elegante hall para enterarse de lo que mi cuerpo pedía a gritos. Lo curioso es que sólo unos pocos de la marabunta que esperaba el ascensor se molestó en mirar a la extranjera vomitando, por supuesto que ninguno hizo el mínimo esfuerzo por venir en mi ayuda, y salí disparada detrás del tipo que ahora gentilmente me indicaba donde estaba el baño. A buenas horas…
Y, tras minutos interminables de lavarme, enjuagarme, volverme a lavar… salgo con la cara de un muerto, llego a la dichosa oficina del transitario, y encima mientras lo esperaba se me presenta el Manager de Negocios de la empresa (el primer occidental con el que puedo hablar y yo en este calamitoso estado) para interesarse en lo que allí buscaba y lo que hacíamos. Muy agradable el tipo, pero inoportuno como el sólo porque entre mi aspecto cerúleo por el filete de tendón mal digerido y la vestimenta adecuada para ir al almacén, no a una reunión de trabajo, pues supongo que al menos rarita pensaría que soy. Pero bueno, todo tienes sus pros y sus contras, porque este agradable chico me dijo que le escribiera un mail contándole como había terminado todo lo relacionado con nuestro embarque y que me tendría preparada una lista de restaurantes NO CHINOS, donde podía comer sin problemas (me vi obligada a decirle que había pasado mala noche por la cena en un chino ante su ofrecimiento de café, ahora lo que no le dije es donde dejé la prueba de mi malestar). Así que mis queridas tapas europeas, a mis brazos, que sé que también tienen algún lugarcito en Shanghai.
Amén!